Cuando lo perdí de vista no pude contenerme, mis lágrimas empezaron a salir. No todos los días nos informan que debemos dejar el rosa, los vestidos y devolver la corona por correo postal.Me niego a pensar que este día llego, no quiero dejar de esperar a mi príncipe azul y mucho menos dejar de usar mi hermosa tiara...
Aunque papá me diga que sin ella sigo siendo su princesa y el sapo del estanque me siga jurando que él es mi príncipe azul, yo no quiero enviarla por correo ni mucho menos dejar de esperar todos los días a mi amado en el balcón del quinto piso de mi apartamento.
Si he notado que mis vestidos están envejecidos y me quedan dos manos arriba de la rodilla... pero cuando los tengo puestos y giro y giro me siento como aquella niña que un día le notificaron que era una princesa.